jueves, 20 de noviembre de 2008

AFORISMOS DE PAUL VALÉRY

AFORISMOS DE PAUL VALÉRY
NOTA Y TRADUCCIÓN DE JOSÉ JOAQUÍN BLANCO

Varios libros de Paul Valéry (1871-1945) han circulado en castellano en nuestro país a lo largo del siglo veinte, como El cementerio marino (Alianza Editorial), La joven Parca (Tusquets), Monsieur Teste (UNAM); Variedad I y II, La idea fija, Eupalinos o El arquitecto, El alma y la danza, Mi Fausto, Política del espíritu, Miradas al mundo actual (todos éstos en Losada).
No ha ocurrido lo mismo con Tel quel y Mauvaises Pensées et Autres, de los cuales presento ahora algunos aforismos y fragmentos.
Como se sabe, Paul Valéry fue el poeta francés más importante de la primera mitad del siglo XX, tal vez de todo ese siglo, y quien más influyó en la poesía castellana (Generación del 27 en España, Contemporáneos en México, Generación de Orígenes en Cuba, Grupo Sur en Argentina, etcétera).
Se trata probablemente del último gran maestro de la poesía eminente y radicalmente musical: métrica, rítimica y rimada, con prosodia exigente, en lenguas romances. No habla tanto de la lectura de un poema, como de la “dicción de un poema”.
Discípulo de Mallarmé, admirador de Leonardo da Vinci, Descartes, Racine, Poe, Baudelaire, Wagner, Manet y Degas (enemigo de Pascal, Stendhal, Flaubert, Michelet, Renán, Zolá, Anatole France y de todo tipo de melodramas y novelas “más o menos policiacas”), predicó entre la admiración y el escándalo -y practicó ante el asombro y el aplauso generales-, una poesía musical y mental, difícil y deliberada, que al contrario de las vanguardias no buscaba liberarse de las ataduras tradicionales del poema (metro, ritmo, rima, figuras, prosodia), sino retomarlas y ¡radicalizarlas!
Tradujo con toda tranquilidad a Virgilio (Bucólicas: “¡Qué curiosa manera de amar tenían esos pastores!”), durante la Segunda Guerra Mundial, con los alejandrinos perfectos de Racine: exactamente verso frente a verso, sin encabalgamientos y sin alterar el orden del texto latino, para una edición bilingüe rigurosamente paralela. Fue su último hurra, a los 75 años.
Enriqueció las rimas y las figuras de la poesía francesa con el vocabulario filosófico y los juegos algebraicos. Metáforas como ecuaciones de varias incógnitas simultáneas. Se le acusó de competir con puzzles y crucigramas, lo que en absoluto le pareció desdoro: de eso se trataba la poesía: acertijos, juegos, reglas. “Para escribir nomás ‘llueve’ cuando llueve no se necesita a un escritor, sino a un empleado”.
Su poesía mental es al mismo tiempo vitalista y sensual. Añade a sus escandalosas exigencias y dificultades la de ser un poeta profundamente interesado en la ciencia. Su clasicismo aspiraba a las nuevas coordenadas inventadas por su amigo Albert Einstein. Escandalizaba al inaugurar, con largos discursos lírico-científicos, congresos de cirujanos. Sabía pintar. Siempre lamentó la mala suerte de haber recibido el don de la poesía, que se hace con el “impuro” material del lenguaje común, y no con el de la música: sus aspiraciones como artista se dirigían hacia las óperas de Gluck y de Wagner. No era bailarín ni deportista (salvo la natación), pero admiró la danza y el deporte.
Acaso no se haya cantado jamás a la muerte en ningún idioma con una actitud solar, tan comprometida con el instante humano y tan alejada de las quimeras de ultratumba o los chantajes metafísicos, como en su serena, apolínea contemplación del panteón pueblerino donde reposaban sus antepasados y él mismo habría de ser enterrado, frente al Mediterráneo: El cementerio marino.
Tal vez no exista en ninguna lengua poema en prosa más asombroso y perfecto –“imposible” y sin embargo, redondito- que su larga conversación, a la manera de Hamlet y el cráneo, con un caracol arrojado a la playa: la prosa abstracta, lo Arbitrario Puro, y sin embargo: toda la gran armada de la prosa francesa, las cataratas de metáforas, las inducciones, deducciones, intuiciones pasmosas (“El hombre y el caracol” en Variedad). “La joven Parca”, “La Pythie”, “Esbozo de la Serpiente”, “Fragmento de Narciso”, “Granadas”, “Palmera”, “Au Platane”, “Orfeo”, “La Aurora”, “La Abeja” son otros de sus poemas invariablemente antologados.
Todos los poemas de su libro Charmes han sido celebrados por varias generaciones en muchas lenguas. Lo han traducido y destacado D’Annunzio, Rilke, Eliot, Auden, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Mariano Brull... Gerardo Diego, Salinas, Cernuda, Villaurrutia, Gorostiza, Borges, Lezama Lima (su Narciso, sus “analectas del reloj”) no se conciben sin su poesía ni su pensamiento poético.
Más que crítico literario (jamás elogió a ningún escritor vivo, a menos que se tratara de alguna ceremonia oficial, obligatoria, y siempre en términos de estricta etiqueta), fue un pensador u observador místico (misticismo sin Dios, misticismo del Espíritu Puro) del fenómeno literario.
Causó escándalo al inventar una nueva asignatura universitaria, que se ha vuelto penosa en las últimas décadas, la “Poética” (el estudio formalista, ahistórico, de poemas), que impartió en el Collège de France durante los años treinta, y que circula en apuntes de sus alumnos. Sus seguidores, por desgracia, no contaron con el empuje, el talento y la experiencia práctica del maestro. Valéry sabía teorizar sobre versos que podía construir de modo insuperable. En algún momento dijo que la poesía era una cosa que se hacía, que se componía, y no un tema alejado de la práctica. Después de su muerte no se ha sabido de ningún “profesor de Poética” que sepa hacer excelentes versos tradicionales. Alcanzó a escribir contra los pretendidos estudios cuantitativos, formalistas, inventariales sobre poesía: le resultaban tan supersticiosos como aquellos que acudían a la mera biografía o a la “psicología” del poeta.
Discípulo de los poetas simbolistas (Baudelaire, Nerval, Mallarmé, Verlaine, Rimbaud); contemporáneo de la Generación de la Nouvelle Revue Française (Gide, Claudel, Marcel Schwob, Proust, Cocteau, Henri de Régnier, Pierre Louys, Saint-John Perse, Paulhan), maestro de los poetas surrealistas y de los teóricos estructuralistas, que incluso llegaron a agruparse bajo el título de uno de sus libros, Tel Quel, Paul Valéry es también -en sus obras en prosa- un conferencista, pensador y aforista admirable, en la mejor tradición de Bossuet, Pascal o La Rochefoucauld.
Su inteligencia analítica se antoja tan aguzada como su sentido del humor. Y del juego. Bien leído, defiende en un texto lo que satiriza en otro, o al revés. A veces incluso en el mismo texto. Vgr: En poesía sólo existe la perfección, pero la perfección es arbitraria y la vida un producto del azar: ergo... Además, es el lector quien hace la poesía, al momento de leerla, según su teoría: el lector juega con los dados que le arroja el poeta... y obtiene combinaciones o resultados no siempre previstos. ¿Entonces el rigor, la deliberación y el control extremos de la escritura?
El archienemigo de la poesía fácil, espontánea, improvisada, descuidada, escribió “Poesía bruta” (sic) y la dio a imprimir sin retoques. El campeón del rigor hizo publicar algunos de sus aborrascados cuadernos de notas como libro en forma, sin siquiera corregir rasgos elementales de edición o estilo: los mandó fotografiar y ya, para ofrecer al lector la azarosa escritura de un pensamiento apresurado. Y conservó tal versión en las ediciones siguientes, durante tres décadas (hasta las Oeuvres definitivas en La Pléiade, Gallimard, 2 tomos).
Exigía trabajar diez años cada verso, pero casi todos sus libros fueron escritos o dictados (sic) a las carreras, y así lo anuncia en los prólogos –“Sólo hago escritos de circunstancias, entre múltiples ocupaciones”-, como quien dice: “No tomo en serio nada, y menos mis propios consejos”.
Tal paradoja o contradicción lo enaltece y lo libera de etiquetas o mitos. Valéry es Valéry.



PAUL VALÉRY: TAL CUAL y MALOS PENSAMIENTOS

1
Las bellas obras son hijas de su forma, que nace antes que ellas.

2
El valor de las obras del hombre no reside en absoluto en ellas mismas, sino en los desarrollos que ellas reciben de otros hombres en circunstancias ulteriores.
Nunca sabemos de antemano si tal obra vivirá... Ella es un germen más o menos viable; necesita de las circunstancias, y la más débil puede verse favorecida por ellas.

3
Nada más original ni mas personal que alimentarse de los otros. Pero es necesario digerirlos. El león está hecho de cordero asimilado.

4
Un libro no es después de todo sino un extracto del monólogo de su autor. El hombre o el alma habla consigo mismo; el autor escoge entre ese discurso, y lo que elige depende de su amor propio; si se ama en tal pensamiento, si se odia en tal otro; su orgullo o sus intereses adoptan o desechan lo que le viene a la mente, y lo que él querría ser escoge entre lo que él es. Una ley fatal.

5
Escribir con pureza en francés, o en cualquier otra lengua, es una ilusión tomada de los letrados. Y no estoy para nada de acuerdo con ellos. La ilusión consistiría en creer que existe una pureza esencial y definida del lenguaje... definida por caracteres que todos sientan y admitan sin discusión. Pero el lenguaje es una creación estadística y en continuo proceso...

6
La sintaxis es una facultad del alma.

7
Todo poeta valdrá finalmente lo que haya valido como crítico (de sí mismo).
Grandeza de los poetas de asir con fuerza con sus palabras, lo que no han hecho sino apenas entrever débilmente en su espíritu.

8
De un escritor moderno:
Sus accidentes son admirables, pero su sustancia vale poca cosa.

9
El ser que trabaja se dice: Quiero ser más poderoso, más inteligente, más feliz... que yo mismo.

10
Para amar la gloria, hay que hacer gran caso de los hombres; hay que creer en ellos.
La estatua y la gloria son formas del culto a los muertos, que es una forma de la ignorancia.

11
Pero amamos a quien cree que somos lo que quisiéramos ser, y ése es el fondo del placer de la gloria.

12
Nuestros verdaderos enemigos son silenciosos.

13
No se debe atacar a los demás, sino a sus dioses.

14
Uno no sabe jamás con quién se acuesta.

15
Diversos teólogos podrían hacernos creer que Dios es idiota.

16
Un crimen que quiere ser cometido engendra todo lo que necesita: las víctimas, las circunstancias, los pretextos, las ocasiones.

17
Las tonterías que ha hecho y las tonterías que no ha hecho se reparten los lamentos del hombre.

18
Lo que se ama, inspira: Ser amado, es inspirar, volver a alguien inventivo: productor de imágenes, de atenciones, de trampas, de supersticiones; de violencias.

19
Los debates más violentos ocurren siempre entre doctrinas o dogmas que difieren poquísimo.

20
Lo que me resulta difícil me es siempre nuevo.

21
El hombre es absurdo por lo que busca; grande por lo que encuentra.

22
Conviene llamar Ciencia al conjunto de recetas que siempre funcionan. Todo lo demás es literatura.

23
El despertar les da a los sueños una reputación que no merecen.

24
El hombre es un animal encerrado... afuera de su jaula.

25
El tedio es finalmente la respuesta de lo mismo a lo mismo.

27
Hay que evitar siempre hacer el bien... nada hiere más.

28
Lo que ha sido creído siempre por todos y por todas partes, tiene todas las probabilidades de resultar falso.

29
Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo... y su propio contenido.

30
Un poema debe ser la fiesta del intelecto. No puede ser otra cosa. Fiesta: un juego, pero solemne, pero reglamentado, pero significativo...

31
La mayoría de los hombres tienen de la poesía una idea tan vaga que esta vaguedad misma de su idea es para ellos la definición de la poesía.

32
Hay dos tipos de versos: los concedidos y los calculados.
Los versos calculados son aquellos que se presentan necesariamente bajo la forma de problemas a resolver, y que tienen como condiciones iniciales los versos concedidos, y luego la rima, la sintaxis, el sentido ya encaminados por los versos concedidos.

33
Dignidad del verso: si falta una palabra, se arruina todo.

34
Un poema jamás está acabado.

35
Una mala forma es una forma que sentimos la necesidad de cambiar, y que cambiamos nosotros mismos; una forma es buena cuando la repetimos e imitamos sin poder modificarla con éxito.

36
Es prosa un escrito que tiene una finalidad expresable por medio de otro escrito.

37
Cuando la obra se ha publicado, la interpretación que de ella haga su autor no tiene más valor que la de cualquier otra persona.

38
Entre clásico y romántico la diferencia es bien sencilla: un oficio que uno conoce y otro ignora. Un romántico que ha aprendido su oficio se convierte en clásico. Por eso el romanticismo... ha terminado en el Parnaso.

39
El mundo sólo vale por sus extremos y se conserva gracias a sus medianías. Sólo vale por los ultras y se conserva gracias a los moderados.

40
Lo que se aprende, al leer a los escritores verdaderos, son las libertades. Reciben un lenguaje anónimo y medianero, y lo convierten en voluntario y único.

41
Todo ironista avizora un lector pretencioso donde se mira.

42
El poder sin abuso pierde su encanto.

43
Hay versos que uno encuentra. Los otros, los hace. Perfecciona los encontrados. “Naturaliza” los otros.

44
¡Por fin libre de los museos! Las colecciones se oponen al espíritu como el harem al amor.

45
El arte es tan malvado como el amor. Y arte y el amor son criminales en potencia, o no son tales. Todo lo que viene de los dioses introduce infiernos en el hombre.

46
La cortesía es la indiferencia organizada.

47
Toda obra es producto de muchas otras cosas que de un “autor”.

48
No conocemos nuestros propios sueños sino en la traducción que nos da el despertar.

49
Comparar la extravagancia y la complicación de los órganos genitales con la simplicidad de la noción del amor; la extravagancia y la complicación de la estructura cerebral con la idea simple del pensamiento, del alma, del espíritu.

50
Estos autores tan diversos son infinitamente vecinos. Han leído los mismos libros, los mismos periódicos; han estudiado en los mismos colegios, y generalmente han tenido las mismas mujeres.

51
Una literatura en que se advierte el sistema está perdida. Uno se interesa en el sistema, y la obra no tiene ya otro valor que el de un ejemplo gramatical. No sirve sino para comprender el sistema.

52
Los optimistas escriben mal.

53
Escritores sonoros: violentos. Un hombre completamente solo en su cuarto tocando el trombón.

54
Víctor Hugo es un millonario, no un príncipe.

55
La conciencia reina pero no gobierna.

56
Los prestigiosos, incluso los más sólidos, los más “justos”, son siempre producto de las circunstancias y jamás de sus actos. Los grandes nombres reflejan una especie de luz que les llega por todas partes. La que ellos emiten por sí mismos constituye una mínima fracción.

57
El gran triunfo del adversario es de hacerte creer lo que dice de ti.

58
Quien no tiene nuestras repugnancias nos repugna.

59
Todo es magia en las relaciones entre el hombre y la mujer.

60
La alabanza engendra cierta fuerza y organiza cierta debilidad... Lo mismo la crítica.

61
No toquéis a vuestros enemigos. No hagáis de los adversarios vuestros iguales.

62
Todos nuestros enemigos son mortales.

63
La alabanza es una injuria al orgullo.

64
¡Qué importa lo que uno haya sido! La gloria adquirida insulta el presente, lo atormenta y envilece. Tiene la naturaleza de una lamentación. Canta lo que uno ha perdido, lo que uno tiene de muerto.

65
Sobre las cosas extremas, como la muerte, los vivos, que se renuevan, se repiten indefinidamente. Andan entre tres o cuatro ideas que son los cuatro muros de su cuarto mental, rebotando de pared a pared como pelotas.

66
Las meditaciones sobre la muerte (tipo Pascal) son producto de hombres que no tienen que luchar por la vida, ni ganar su pan, ni mantener hijos.
La eternidad ocupa a los que tienen tiempo que perder. Es una forma del ocio.

67
Su reducción al absurdo nos cambia en bestias exactas.

68
Es lo falso lo que da color y hace vivir lo verdadero.

69
Hay una juventud eterna en lo imposible.

70
La grandes palabras: Lo Infinito, El Absoluto, La Naturaleza... Tales son las pesas de cartón que eleva, sostiene y regresa al piso el Hércules literario.

71
Plagiario es el artista cuyo arte consiste en elegir. Un gran arte.

72
...detrás del iconoclasta que soy, el vago constructor aislado que encuentro también en mí...

73
No me gusta escribir. No me gusta leer por leer. En lo que respecta a la literatura, no me interesan sino las formas y la composición; lo demás no me parece serio.

74
La novela es un genero inocentón. Considero a la poesía como el género menos idólatra.

75
Política de la vida: Lo real está siempre en la oposición.

76
Un hombre competente es aquél que se equivoca según las reglas.

77
La obra sólida se defiende de las sustituciones que el espíritu de un lector activo y rebelde intenta siempre imponerle.
No olvidar jamás que una obra es cosa acabada, detenida y material. Lo arbitrario viviente del lector arremete contra lo arbitrario muerto de la obra.
Pero este lector enérgico es lo único que importa –es el único que puede extraer de nosotros lo que no sabíamos que poseyéramos.

78
Primer caso:
¡Oh Mengano! Te diriges a un lector que no te envidio.

Segundo caso:
El libro está “bien”... Pero no envidio para nada la inteligencia del autor.

79
Creamos por un instante en la hipótesis de la evolución: ¿Un observador de la época de los amonitas hubiera previsto a los mamíferos?

80
Todos los estudios sobre arte y poesía tienden a presentar como necesario lo que es arbitrario por naturaleza.

81
Quien quiera hacer grandes cosas debe pensar profundamente en los detalles.

82
Un gran hombre es una relación particularmente exacta entre las ideas y una ejecución.

83
“To be”, etc. Se ha reflexionado durante mucho tiempo en esa supuestamente profunda frase de Shakespeare. Lo que se encuentra en ella está lejano del valor que se ha querido atribuirle. Pero se trataba de una frase de teatro –y al teatro le basta una profundidad teatral.

84
Lo que Víctor Hugo creía que lo engrandecería desmesuradamente y lo alzaría al rango de los dioses, no lo hace sino ridículo.

85
Si se tuviera que labrar sobre la piedra dura en lugar de escribir al vuelo, la literatura sería muy diferente. ¡Y ahora, se dicta!

86
El pintor no debe pintar lo que ve, sino lo será visto.

87
Todo lo que es contrario a la naturaleza y el hombre desea, es la naturaleza del hombre.

88
Ciertas obras son creadas por su público, otras crean al suyo.
Las primeras responden a las necesidades de la sensibilidad natural promedio. Las segundas crean nuevas necesidades artificiales, a las que satisfacen al mismo tiempo.

89
El arte más grande es aquel cuyas imitaciones son legítimas, dignas, soportables. No se destruye ni se deprecia por ellas. Ni ellas por él.

90
Qué extraño el apegarse así a la parte perecedera de las cosas, que es exactamente su cualidad de ser nuevas.

91
La crítica, cuando no se reduce a opinar según su humor y sus gustos -es decir, a hablar de sí haciendo como que habla de una obra-; la crítica, si juzgara, consistiría en una comparación entre lo que el autor ha intentado hacer con que lo que ha hecho efectivamente. Mientras que el valor de una obra está en la relación singular e inconstante entre esta obra y algún lector, el mérito propio e intrínseco del autor reside en la relación entre él mismo y su intento.

92
En escritura, la corrección es la conformidad con las convenciones.

93
Idea poética es aquella que, puesta en prosa, sigue reclamando el verso.

94
La superioridad como causa de impotencia. Ser incapaz de una estupidez que podría ser “ventajosa”.

95
Un ser incapaz de vivir otra vida que la propia, no podría vivir ni siquiera la suya.

96
¡Cuántas cosas hay que ignorar para “actuar”!

97
Su desprecio de los hombres y de sí mismo, su disgusto y su decepción generalizadas, conducen al espíritu profundo a no tolerar sino a la sociedad más frívola.

98
El moralista es un amateur difícil. Necesita combates e incluso caídas. Una moral sin descarnizamientos, sin peligros, sin problemas, sin remordimientos, sin náuseas, no sabe a nada. Lo desagradable, el tormento, la labor, el viento contrario son esenciales para la perfección de este arte.

99
La moral es una especie de arte de no realizar los deseos, de debilitar el pensamiento, de hacer lo que no gusta y de no hacer lo que gusta. Si el bien gustara y el mal disgustaría no habría moral, ni bien ni mal.

100
El hombre no puede sinceramente ni venderse al diablo ni entregarse a Dios.